«Ridículo el estéril tiempo triste que se extiende antes y después.» T. S. Eliot
Personas adultas
Mi principal ámbito de intervención es la psicoterapia con personas adultas, a partir de los 18 años.
A lo largo de la vida podemos atravesar diferentes situaciones que afectan a nuestro bienestar, a nuestras relaciones, al trabajo o a la manera en que nos sentimos con nosotros mismos. Cada persona vive estas experiencias de una forma diferente, por lo que la intervención psicológica debe adaptarse a sus características, circunstancias y objetivos.
Entre las dificultades que podemos abordar en terapia se encuentran los problemas relacionados con el estado de ánimo, la ansiedad y el estrés, las dificultades asociadas a la preocupación excesiva, los ataques de pánico, las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo y otras problemáticas emocionales.
También podemos trabajar dificultades relacionadas con la alimentación y la imagen corporal, las adicciones y conductas problemáticas, los problemas relacionados con el juego, así como diferentes situaciones que pueden afectar significativamente a nuestra calidad de vida.
Tampoco debemos perder de vista otras dificultades que, sin constituir necesariamente un trastorno psicológico, pueden limitar nuestro bienestar y nuestro desarrollo personal o profesional: problemas de sueño, baja autoestima, timidez, dificultades en las relaciones, déficit de habilidades sociales, problemas de asertividad, gestión de la ira o dificultades para afrontar determinadas situaciones laborales.
El acoso laboral o mobbing, el estrés laboral y otras experiencias negativas en el entorno profesional pueden tener un impacto importante sobre nuestra salud psicológica y sobre la forma en que nos relacionamos con nuestro trabajo y con nuestra vida fuera de él.

Personas mayores
El paso del tiempo forma parte de la vida. La etapa de madurez y envejecimiento puede venir acompañada de cambios personales, familiares, sociales y laborales que requieren nuevos procesos de adaptación.
La jubilación, la pérdida de personas significativas, los cambios en las relaciones, la aparición de determinadas limitaciones físicas o la necesidad de adaptarse a una nueva etapa vital pueden generar incertidumbre, tristeza, ansiedad o sensación de pérdida.
En estas circunstancias, la Psicología puede ofrecer un espacio de apoyo, comprensión y acompañamiento, ayudando a la persona a afrontar los cambios, mantener su autonomía y encontrar nuevas formas de relacionarse consigo misma y con su entorno.
Algunas de las dificultades que pueden aparecer con mayor frecuencia son los problemas de estado de ánimo, ansiedad, insomnio, baja autoestima, soledad, aislamiento social y procesos de duelo.
Es importante diferenciar, en cualquier caso, entre los cambios asociados al envejecimiento y la presencia de una alteración psicológica o neurocognitiva. Cuando existen indicios de deterioro cognitivo, demencia u otras enfermedades neurodegenerativas, será necesaria una valoración especializada y, cuando corresponda, la coordinación con otros profesionales sanitarios.

Cuidar nuestra salud física es importante, pero cuidar nuestra salud psicológica también lo es. Ambas forman parte de nuestro bienestar y contribuyen a mejorar nuestra calidad de vida en las diferentes etapas de la vida.
¿Queremos acumular años a nuestra vida o vida a nuestros años?