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«Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.» Carl Gustav Jung

Ansiedad

La ansiedad forma parte de nuestra vida y, en determinadas situaciones, puede ayudarnos a anticiparnos, afrontar dificultades o responder ante una amenaza. El problema aparece cuando la preocupación, el miedo o la activación se mantienen en el tiempo, resultan difíciles de controlar o comienzan a interferir en nuestra vida cotidiana.

Quizá te resulte familiar alguna de estas situaciones:

¿Te cuesta dejar de preocuparte, incluso cuando sabes que probablemente no ocurrirá aquello que temes?

¿Tu mente se centra constantemente en lo que podría salir mal?

¿Anticipas situaciones negativas y te resulta difícil desconectar de esos pensamientos?

¿La ansiedad está afectando a tus relaciones, tu trabajo, tus estudios o tu vida familiar?

¿Has experimentado episodios intensos de miedo o malestar que aparecen de forma repentina, como ataques de pánico?

¿Evitas determinados lugares, situaciones o interacciones sociales por miedo, inseguridad o preocupación?

¿Sientes que la ansiedad está limitando tu vida o afectando a tu bienestar emocional?

Si te identificas con algunas de estas situaciones, puede ser conveniente comprender qué está ocurriendo y valorar si la ansiedad está interfiriendo de forma significativa en tu vida. No siempre es necesario esperar a que el malestar sea intenso para pedir ayuda. En terapia podemos trabajar sobre aquello que mantiene la ansiedad y desarrollar recursos y estrategias que te permitan afrontarla de una manera diferente.

Entre las problemáticas relacionadas con la ansiedad podemos encontrar el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, las fobias específicas, la ansiedad social y la agorafobia, entre otras. También pueden aparecer dificultades relacionadas con el estrés, la preocupación excesiva, la evitación o la gestión emocional.

Depresión y estado de ánimo

No siempre es fácil identificar cuándo estamos atravesando un periodo de tristeza, agotamiento o desánimo que puede requerir atención. A veces comienza de forma progresiva y terminamos acostumbrándonos a sentirnos de una determinada manera.

Puede ser importante prestar atención si durante un periodo prolongado experimentas:

  • Tristeza, vacío o desánimo.
  • Pérdida de interés o de placer en actividades que antes disfrutabas.
  • Cambios importantes en el apetito o en el peso.
  • Dificultades para dormir o necesidad excesiva de dormir.
  • Cansancio, falta de energía o sensación de agotamiento.
  • Irritabilidad o inquietud.
  • Sentimientos de culpa, inutilidad o desvalorización.
  • Dificultades para concentrarte, pensar o tomar decisiones.
  • Aislamiento o pérdida de interés por relacionarte con otras personas.
  • Pensamientos relacionados con la muerte o con hacerte daño.

La presencia de alguno de estos síntomas no significa necesariamente que exista una depresión. Su significado depende de su intensidad, duración, frecuencia y repercusión en tu vida. Una valoración psicológica puede ayudarte a comprender qué está sucediendo y qué tipo de intervención puede ser adecuada.

Podemos trabajar diferentes dificultades relacionadas con el estado de ánimo, entre ellas los trastornos depresivos y los problemas de adaptación emocional, así como otras situaciones que puedan estar afectando a tu bienestar.

Otras dificultades que podemos abordar

A lo largo de la vida podemos encontrarnos con circunstancias que afectan a nuestra forma de pensar, sentir, comportarnos o relacionarnos con los demás. Algunas pueden ser claramente identificables y otras pueden resultar más difíciles de comprender.

Entre las dificultades que podemos abordar en terapia se encuentran:

Problemas de pareja y relaciones interpersonales: dificultades de comunicación, conflictos, dependencia emocional, rupturas, separación y otros problemas relacionados con las relaciones.

Duelo y cambios vitales: pérdida de una persona significativa, ruptura de pareja, cambios familiares, laborales o personales y otras situaciones que requieren un proceso de adaptación.

Adicciones y conductas problemáticas: dificultades relacionadas con el consumo de alcohol u otras sustancias, juego, tecnología, compras compulsivas y otras conductas que pueden haber adquirido un carácter difícil de controlar.

Trastornos de la conducta alimentaria: dificultades relacionadas con la alimentación, la imagen corporal, la preocupación por el peso o la relación con la comida. En función de las características y gravedad del caso, puede ser necesaria la intervención coordinada con otros profesionales sanitarios.

Problemas relacionados con la personalidad y las relaciones: patrones de pensamiento, emoción y comportamiento que se mantienen en el tiempo y pueden generar sufrimiento o dificultades significativas en diferentes ámbitos de la vida.

Dificultades relacionadas con el uso de la tecnología: tecnoestrés, tecnoansiedad, tecnofatiga, tecnoadicción e hiperconectividad laboral, así como otras consecuencias psicológicas asociadas al uso intensivo de las tecnologías.

Otros problemas psicológicos: en ocasiones podemos experimentar malestar, pensamientos, emociones o conductas que no sabemos cómo explicar ni siquiera cómo nombrar. No necesitas tener un diagnóstico para pedir ayuda.

¿No sabes exactamente qué te ocurre?

A veces sabemos que algo no va bien, pero no sabemos ponerle nombre. Puede ser una sensación de malestar, preocupación, tristeza, agotamiento, irritabilidad, dificultad para relacionarnos o simplemente la percepción de que ya no nos sentimos como antes.

No es necesario llegar a una situación límite para pedir ayuda.

En una primera sesión podemos escucharte, conocer qué está sucediendo y tratar de comprender juntos aquello que te preocupa o que está interfiriendo en tu vida. A partir de ahí, valoraremos qué necesitas y si la terapia psicológica puede ayudarte.

La terapia puede ser un espacio para parar, expresarte, comprenderte y encontrar nuevas formas de afrontar aquello que estás viviendo.