Autor: Celestino González-Fernández

  • Relación de la tecnología en el entorno laboral: Microsoft Teams y Workplace Analytics (II)

    En el anterior post «Nueva realidad: Coronavirus, Teletrabajo y Tecnoestrés» ,  Celestino González-Fernández reflexionaba acerca  del momento presente, de cómo la influencia de la pandemia del coronavirus en la población en general y trabajadores/as en particular, ha supuesto el paso casi obligado a la modalidad de teletrabajo y el uso generalizado de herramientas y plataformas digitales con síntomas que frecuentemente se asocian a la presión, tensión o estrés, convirtiéndose así el tecnoestrés es un riesgo con mayor incidencia a considerar, prevenir y en su caso dar respuesta para el cuidado físico y sobre todo mental. 

    A continuación , realiza un minucioso análisis de  propuestas y soluciones tecnológicas como Workplace Analytics (Microsoft) , con las que las empresas, si le dan el uso adecuado, pueden potenciar no solo el rendimiento de la personas sino también su bienestar para tratar de facilitar la conciliación de la vida laboral con la personal o familiar.


    PROPUESTAS PARA AFRONTAR EL PROCESO DE CAMBIO. MICROSOFT TEAMS Y WORKPLACE ANALYTICS. PLAN DE TECNOESTRÉS.

    Este nuevo tablero de juego en lo que respecta al entorno laboral y transformación digital, ha supuesto que determinadas empresas tecnológicas traten de desarrollar herramientas y cubrir necesidades para que se pueda mantener la productividad, clima laboral y bienestar general de las organizaciones.

    Microsoft, empresa liderada y dirigida por Bill Gates, consciente de los cambios comportamentales y relacionales que conlleva la nueva realidad o normalidad como por ejemplo la extensión del teletrabajo, creen firmemente en el desarrollo de herramientas de trabajo con el efecto de un nuevo comienzo o ¿nueva era?

    Métricas de Microsoft (2020). Se han centrado y medido los siguientes aspectos por considerarlos claves en el bienestar y desarrollo de las organizaciones.

    • Semana en la vida. Ofrece un resumen de la colaboración diaria en la organización.
    • Información general sobre las reuniones. Proporciona un resumen de las normas de reunión dentro de la organización.
    • Administración y preparación. Proporciona un resumen de la colaboración entre líderes, directivos/as y empleados/as.
    • Redes internas. Muestra las conexiones de red entre diferentes personas de una empresa exclusivamente, por ejemplo, entre el Departamento de Ventas y el Departamento de Recursos Humanos.
    • Colaboración externa. Proporciona un resumen de los patrones de red de los empleados/as con personas de fuera de la compañía.
    • Colaboración de Microsoft Teams. Muestra información y tendencias de comunicación sobre cómo los empleados/as de su organización usan Teams para comunicarse y colaborar.

    Concretando las posibilidades de Microsoft Teams y Workplace Analytics, me gustaría destacar lo relacionado a la medida productividad y buenos hábitos del trabajador/a, su análisis y métricas utilizadas íntimamente relacionado al uso de las TIC tanto a favor como en contra:

    • Métrica 1. Tiempo dedicado por los directores/as a sus trabajadores/as de manera individual. La importancia de la comunicación, dedicación y atención de un director/a con sus colaboradores/as. Utilizan como medida el tiempo total de cada empleado/a por mes y se realiza un promedio a lo largo de una semana.

    Riesgo psicosocial asociado: En el caso de no recibir una comunicación y atención adecuada y regular por nuestros/as responsables puede llevar a la desmotivación, falta de compromiso, rotación y baja en la propia empresa. En definitiva, a la pérdida de talento. Según un informe elaborado por Randstad (2019), la rotación voluntaria en España fue del 17%, y se espera que en los próximos años alcance el 30%. La “fuga de talento” es costosa para las empresas. Y ese coste no solo incluye pérdidas de tiempo y recursos: reemplazar a un empleado supone hasta un 60% de su salario bruto anual. Por eso, es esencial que las organizaciones mantengan sus esfuerzos en la retención del talento.

    Fuente: Randstad, 2019

    • Métrica 2. Trabajo fuera del horario laboral. Paradójicamente a lo que se podría pensar, el teletrabajo ha aumentado el trabajo fuera del horario habitual. Una de los motivos podrían ser las interrupciones voluntarias (ej.: tareas domésticas puntuales) o involuntarias (ej.: cuidado y atención a hijos/as). Podría llevar a programar reuniones fuera del horario oficial además del uso del correo electrónico para compensar esas pérdidas de tiempo. Para medir este apartado se utilizan las horas laborales establecidas en la configuración del calendario de Outlook del empleado/a.

    Riesgo psicosocial asociado: Este apartado está íntimamente relacionado a la tecnofatiga y tecnoadicción. En enero de 2017, Francia introdujo en su normativa laboral el derecho a la desconexión digital y en España empieza a haber mayor concienciación social y política y se desarrollan las primeras legislaciones sobre “Derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral”, en el artículo 88 de la nueva Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales. Esta ley recoge que las empresas o personas que contraten trabajadores/as buscarán la manera de articular acciones de sensibilización y formación a los trabajadores/as sobre estos riesgos con el fin de evitar la fatiga informática y favorecer la conciliación.

    • Métrica 3. Uso excesivo del correo electrónico. En este caso se tiene en cuenta los trabajadores/as que dedican más de 10 horas en el uso de correo electrónico (enviar y recibir). Las medidas se recogen del uso de Outlook.

    Riesgo psicosocial asociado: Tecnofatiga. Tecnoadicción. Voy a resaltar al respecto, el sesgo del status que puede afectar dentro del entorno laboral y puede afectar de modo individual o al equipo. Si no se controlan, los patrones de comportamiento continúan perpetuamente sin ningún deseo de corregir. Un ejemplo de ello es la colaboración fuera del horario laboral. Los correos electrónicos, los chats y las llamadas nocturnas son una causa común de estrés y quejas entre los empleados/as y un indicador de menor compromiso. Sin embargo, las personas dentro de las organizaciones siguen siendo cómplices incluso hasta el punto del agotamiento, ya que el costo de cambiar la norma parece mayor que simplemente continuar.

    • Métrica 4. Sobrecarga por reuniones de larga duración. Entienden que la sobrecarga en reuniones puede surgir cuando el trabajador/a pasa el 50 por ciento de su tiempo total de reunión en reuniones largas (más de una hora) o grandes (más de ocho personas), divididos por el número total de empleados/as medidos/as.

    Riesgo psicosocial asociado: Tecnofatiga. Hay numerosas encuestas y estudios que confirman que la falta de preparación de una reunión o extender su duración produce desmotivación, cansancio y merma de la productividad. Dos terceras partes de los españoles tienen la creencia que las reuniones no tienen utilidad.

    • Métrica 5. Los trabajadores/as pueden prestar atención en un trabajo importante sin tareas distractoras. Midiendo los trabajadores/as que tienen menos de 20 horas de tiempo disponible para el trabajo prioritario dividido por el número total de trabajadores/as medidos/as. Tiempo de concentración idóneo cuando se dispone de dos o más horas consecutivas sin reuniones.

    Riesgo psicosocial asociado: Tecnofatiga. Una recomendación añadida sería la práctica de mindfulness asociada a una conciencia plena, mejora de la atención y productividad. En el ámbito laboral puede generar una mayor confianza en nosotros mismos, ganando resistencia y resiliencia redundando en la productividad y rendimiento (Good, Lyddy, Glomb, Bono, Brown, Duffy, Baer, Brewer y Lazar, 2015).

    • Métrica 6. Los directores/as están involucrados y conectados en la organización. Dan importancia a la conexión de los directores/managers con otros departamentos, calculado como el número de departamentos fuera de su responsabilidad y las interacciones significativas tomando como referencia los últimos 28 días.

    Potencialidad asociada: Crear involucración y conocimiento con la organización. Visión estratégica. Cada vez más se va creando tendencia entre los dirigentes sobre el liderazgo transformacional y carismático, más democrático y participativo, en el que el director se muestra cercano y escucha de manera activa a sus colaboradores/as.

    • Métrica 7. Colaboración de los trabajadores/as en la organización. La métrica se relaciona al número de horas que los trabajadores/as dedican a reuniones y correo electrónico con al menos una persona fuera de su propio departamento. Destaca a las organizaciones que pasan más del 50 por ciento de su colaboración general dentro de su grupo.

    Potencialidad asociada: Crear involucración y conocimiento con la organización. Sentimiento de identidad. Motivación. Este tipo de rasgos son valiosos en la organización y deberán valorarse a la hora de promocionar o proponer a nuevos puestos. Búsqueda de talento interno. Desarrollo de trabajo colaborativo.

    • Métrica 8. Identificación de trabajadores/as con influencia en la organización. Estos “influencers” destacan por sus conexiones con personas de toda la organización por su comportamientos de colaboración.

    Potencialidad asociada: Impacto e influencia en la organización. Búsqueda de talento. Desarrollo de motivación y trabajo colaborativo. Crear tendencias y sinergias en la organización. Transmisión de valores y cultura de la organización.

    • Métrica 9. Trabajo colaborativo y compartir rápidamente información. Se tiene en cuenta la comunicación combinada de correo electrónico y mensajes instantáneos enviados entre dos trabajadores/as. La métrica utilizada se calcula como el porcentaje de mensajes instantáneos uno a uno que se envían, divididos por el número total de mensajes instantáneos uno a uno y enviados (es un dato significativo los trabajadores/as que pasan menos del 10 por ciento de su comunicación uno a uno a través de mensajería instantánea integrado en Microsoft Teams).

    Potencialidad asociada: Detección de trabajo colaborativo y comunicación eficaz. Trabajadores/as comprometidos/as. Desarrollo de equipos y sentimientos de identidad. Crear canales de información apropiados en cuanto a su cantidad y calidad en la empresa.

    • Métrica 10. Creación de redes de clientes por los trabajadores/as. Se tiene en cuenta la red exterior a la organización creada por los trabajadores/as por ejemplo con clientes, siendo significativas por lo menos dos conexiones mensuales y destacados los que tienen más de cinco en el mismo periodo.

    Potencialidad asociada: Impacto e influencia comercial y en la propia organización. Búsqueda de talento. Oportunidades de nuevos negocios o colaboraciones. Mejora de la comunicación e información externa.

    • Métrica 11. Colaboración del cliente en la empresa. Este apartado se define por el número de horas que los trabajadores/as dedican a reuniones y correos electrónicos con al menos una persona fuera de la organización. Se valora los departamentos y grupos que pasan gran parte de su colaboración general con personas de fuera de la empresa.

    Potencialidad asociada: Impacto e influencia relacional dentro y fuera de la organización. Búsqueda de talento. Oportunidades de nuevos negocios o colaboraciones.

    Intervenciones saludables propuestas por Microsoft. Llama la atención cómo desde Microsoft no se quedan en la métrica y análisis de datos si no que también tiene propuestas y acciones saludables y aplicables dentro del entorno de Microsoft Teams y Workplaces Analytics de las que pueden disponer y beneficiarse los trabajadores/as que cuentan con esta herramienta. Dentro del tablero de MyAnalytics que tendría cada trabajador/a para su consulta y utilización destacan:

    • La capacidad del propio trabajador de gestionar su agenda, hábitos de colaboración y desconexión digital ya sea de correos electrónicos o reuniones que saturan su agenda por la planificación semanal.
    • Meditaciones programadas, pudiendo utilizar por ejemplo la extendida aplicación Mantener la concentración y trabajar de manera más inteligente. Ser capaz de desconectar y recargar con consciencia. Planificar momentos diarios para meditar.
    • Valoración y evaluación de su estado mental y emocional a través de una escala desde valores positivos a negativos.
    • Obtener información valiosa basada en datos con patrones laborales del trabajador/a y la empresa. El propio trabajador/a de manera consciente podrá crear otros patrones de trabajo más saludables. Habrá resúmenes semanales para conocer los progresos y hábitos que vamos desarrollando en nuestra concentración, bienestar, redes y trabajo colaborativo.
    • Con la ayuda de la inteligencia artificial y uso de Outlook, te realizará sugerencias para sacar la máxima productividad en tareas y correo electrónico. También realizar seguimiento a personas importantes en su desempeño.

    Responsabilidad y actuaciones de las organizaciones. Como reflexión final, me gustaría destacar que si bien la iniciativa de Microsoft es muy interesante y marca el camino y tendencias en las organizaciones con la nueva normalidad generada por el coronavirus, puede que no sea suficiente para afrontar los riesgos asociados a esta nueva forma de trabajar y relacionarnos.

    Las empresas deben ser conscientes, reflexivas y responsables para valorar, medir, prevenir y en su caso intervenir internamente con acciones saludables tanto individuales como colectivas. Un ejemplo sería el aumento de riesgos psicosociales como el tecnoestrés y sus variantes relacionados al uso y manejo continuado de las TIC o la generalización del teletrabajo. Un ejemplo que se podría proponer sería un Plan de Tecnoestrés: 

      Plan de Prevención/Intervención de Tecnoestrés
    Fase 1 Evaluación y Diagnóstico de la Organización
    Fase 2 Análisis de Datos e Informe de Propuestas Saludables
    Fase 3 Prevención/Intervención Individual y Grupal
    Fase 4 Reflexión. Revaluación y Ajustes. Retroalimentación.

    A principios de marzo de 2020 la pandemia cogió por sorpresa a las organizaciones y hubo una digitalización y transición precipitada al teletrabajo y  nuevo contexto con riesgos y trastornos en la salud física y mental no esperados. En los próximos años las empresas que afronten con garantías esta transición, tengan la previsión oportuna sobre los riesgos asociados en todos/as sus integrantes, marcaran la diferencia tanto social (trabajadores/as) como económica (resultados), incluyendo su propia supervivencia, crecimiento o desaparición.

    Autor: Celestino González-Fernández

    Psicólogo General Sanitario. Investigador. Experto en Psicología y Tecnología

    www.CelestinoGonzalezFernandez.com

     

  • “Sonríe, que va para redes”. Los costes (o beneficios) de grabarlo todo

    Grabar forma parte de la eterna lucha de la memoria contra el olvido. Ahora, para combatirla, hemos creado Instagram y los teléfonos inteligentes mientras psicólogos y sociólogos analizan su utilidad.

    La gran nevada que cae en tu ciudad por primera vez en décadas. Una pedida de mano. Un crimen. Las vacaciones en la playa. Lo grabamos casi todo desde que nos dimos cuenta que no podíamos archivar todos los recuerdos en nuestras cabezas, cual computadora en un disco duro o nube, y construimos dispositivos que permitieran el almacenamiento fotográfico y videográfico de ciertos momentos de nuestras vidas. Poco a poco las redes sociales han integrado nuevas funciones para incentivar a sus usuarios a retratar más y más momentos de sus vidas. ¿Hasta que punto es bueno y sano y cuando empieza a ser excesivo y perjudicial? No hay consenso entre los expertos. Hay quienes sugieren que existe una razón por la que quizás no podemos recordarlo todo: tal vez no nos conviene, ni nos hace bien. En cambio, otros sugieren que la posibilidad digital de retratar los momentos permite disfrutarlos más y que es beneficioso que nos apoyemos en herramientas externas para rememorar vivencias internas.

    Para Marta Espuny Contreras, socióloga y analista digital, grabarlo todo puede ser excesivo y todo radica en la evolución y sofisticación de las redes sociales. “Son las que nos empujan a vivir de esta manera. Pensad que vivimos en la economía de la atención, donde las redes sociales buscan que pasemos el mayor tiempo posible en ellas para eso necesitan que creamos que debemos grabar cada momento, como un cielo bonito o un concierto, porque hemos asumido de forma acrítica ese imperativo, esa tendencia dependiente del teléfono hasta el punto que, si no grabamos esa experiencia, puede desaparecer”, apunta la experta. ¿Que si es bueno o malo? Espuny no se inclina por ninguna opción. Todo depende. «Yo veo dos cuestiones primordiales: primero, ¿cuánto tiempo de ese momento especial me ocupa el hecho de grabarlo? Y segundo, ¿para qué necesito grabarlo?”.

    Antonio Tenorio, sociólogo, profesor y ensayista, cree tener las respuestas. “Sugiero tomar distancia de la visión dicotómica, binaria, en la que o se disfrutaba de la fiesta o se graba la fiesta. La posibilidad de que una persona se desdoble y construya su experiencia del momento sobre ambas acciones me parece que es una de las puertas perceptivas y multiplicación de la experiencia que abre la era digital”. Entonces, ¿es necesario grabar la fiesta? El sociólogo sugiere que la mera grabación es una acción en sí misma que “será incorporada al recuerdo de lo vivido mientras sea grabada”. En otras palabras, no necesariamente se deja de “vivir el momento” por el simple hecho de grabarlo. Al contrario, según Tenorio, se refuerza el recuerdo.

    Los sociólogos, sin embargo, coinciden en que siempre es importante prestar atención a qué momentos de nuestras vidas guardamos en los teléfonos móviles. Suele suceder que aquello que grabamos está destinado a quedarse archivado en nuestra galería —y por consiguiente en la de Apple, Google y Amazon. Otras veces, compartimos esos vídeos en las redes o servicios de mensajería instantánea como WhatsApp y Telegram. La clave está en cuestionar qué grabamos, por qué y para qué lo utilizaremos. “Al cuestionarnos la utilidad de lo grabado y su posterior utilización, haremos un uso más consciente y controlado. Ganaremos soberanía y autonomía tecnológica”, resalta Espuny. Y es que algunas veces grabarlo todo puede ser necesario. El vídeo de civiles documentando la muerte de George Floyd a manos de la policía estadounidense es prueba de ello. Pero en otras ocaciones, el exceso de documentación sí que puede ser perjudicial… sobre todo para la memoria.

    Memoria y ficción versus el móvil y la documentación

    El proceso de memorización y recuerdo de vivencias en los seres humanos es complejo y casi nunca es fiel. “A la hora de memorizar y recordar también influyen otras variables como la comprensión, el procesamiento y el razonamiento de la información o la creatividad y las emociones sentidas por la persona en aquel momento. Por esa razón, podría modificarse el recuerdo fiel y real por otro ligeramente cambiado con ficciones y adaptado a las variables mencionadas”, explica el psicólogo, investigador y experto en tecnología Celestino González-Fernández. El experto cita los estudios de la psicóloga estadounidense Elisabeth Loftus quien demostró que es posible «introducir» falsos recuerdos en la memoria a través de la sugestión.

    Así, hay consenso científico en que los recuerdos funcionan más como una forma de autodefinición emocional —que puede ser ficticia— que como un vínculo a la verdad de los hechos. Esta “ficción” dentro de la memoria muchas veces suele llevarnos a creer que somos mejores personas, que tenemos más razón o que hacemos las cosas mejor que otros. Es el llamado concepto de disonancia cognitiva y suele ser beneficioso. “Este concepto de Leon Festinger sugiere que cuando tenemos un conflicto entre dos pensamientos, recuerdos o comportamientos marcados por nuestro sistema de creencias, ideas o emociones, tendemos a justificar la decisión final por el equilibrio de nuestra salud mental. En el caso de nuestros recuerdos podríamos asumir ciertas ficciones que no se ajustan a lo que ha ocurrido y así sentirnos mejor en nuestra psique interna en vez de asumir la responsabilidad de lo ocurrido”, explica González-Fernández.

    ¿Qué sucede entonces cuando lo grabamos todo? ¿Acabamos con aquella ficción beneficiosa para la psique interna? González-Fernández asiente. “Tendemos en cierta manera al autoengaño por nuestra salud mental y a veces recordamos de manera más benévola a nuestros intereses en vez de cómo ocurrió. Nos vemos y recordamos en cierta manera mejor de lo que somos, hemos hecho o de nuestras propias capacidades”, recalca el psicólogo.

    Tenorio, sin embargo, lo ve de otra manera. El sociólogo sostiene que la memoria no es solo lo que sucedió sino lo que “nos sucedió”. Y esto incluye el momento de grabar y registrar aquel momento. “Por eso no me parece que haya que considerar que, a priori, la grabación sustituya o siquiera desplace a eso que llamamos memoria, porque entonces nos encaminamos sin remedio a un callejón sin salida en el que solo lo que está inscrito en el interior (los recuerdos) debe ser considerado con no falsificado”, apunta.

    Grabar forma parte de la eterna lucha de la memoria contra el olvido. Ahora, para combatirla, hemos creado Instagram y teléfonos inteligentes con cámaras sofisticadas que, en segundos, pueden ser activados por los usuarios para documentar algo, lo que sea. Y luego, en segundos, compartirlo con el mundo, con cualquiera. ¿Debe haber un límite para no grabarlo todo y salvaguardar las ficciones beneficiosas de la memoria? Ahora, quizás, solo el móvil tenga la respuesta: el límite nace cuando se llena la memoria del dispositivo.

  • Relación de la tecnología en el entorno laboral: Microsoft Teams y Workplace Analytics (I)

    A lo largo de esta serie de 2 posts Celestino González-Fernández reflexiona acerca  del momento presente, de cómo la influencia de la pandemia del coronavirus en la población en general y trabajadores/as en particular, ha supuesto el paso casi obligado a la modalidad de teletrabajo y el uso generalizado de herramientas y plataformas digitales con síntomas que frecuentemente se asocian a la presión, tensión o estrés, convirtiéndose así el tecnoestrés es un riesgo con mayor incidencia a considerar, prevenir y en su caso dar respuesta para el cuidado físico y sobre todo mental. 

    Celestino no se conforma con reflexionar acerca del problema sino que también realiza un minucioso análisis de soluciones tecnológicas cómo Workplace Analytics (Microsoft) , con las que las empresas, si  le dan el uso adecuado, pueden potenciar no solo el rendimiento de la personas sino también su bienestar para tratar de facilitar la conciliación de la vida laboral con la personal o familiar.

    NUEVA REALIDAD: CORONAVIRUS, TELETRABAJO Y TECNOESTRÉS.

    Introducción al tecnoestrés. La tecnología y su utilización lleva cada vez mayores cuotas de atención y tiempo en nuestra vida profesional y personal. Nos da numerosas posibilidades y mejora nuestra productividad, resultados y comunicaciones. Obviamente tiene un doble filo y también conlleva una serie de riesgos si su uso no es consciente, responsable y saludable. Un ejemplo común es el extendido riesgo psicosocial denominado tecnoestrés.

    El término tecnoestrés, su clasificación y su influencia en la salud mental de trabajadores/as y usuarios/as de tecnología está muy presente en la actualidad y su bibliografía, artículos de investigación y presencia en medios de comunicación así lo corroboran. Su repercusión lógicamente a parte de las evidentes sobre la salud también son económicas y sociales y se puede hablar de la pandemia del tecnoestrés, que podemos ampliar y denominar telestrés, asociado a la proliferación del teletrabajo.

    El tecnoestrés viene desarrollando su incidencia desde las dos últimas décadas del siglo XX y la primera conceptualización del término se debió a Brod (1984) casi a la par del desarrollo del primer PC producido por la empresa IBM. En el presente, con la influencia de la pandemia del coronavirus en la población en general y trabajadores/as en particular, ha supuesto el paso casi obligado a la modalidad de teletrabajo y uso generalizado de herramientas y plataformas digitales con síntomas que frecuentemente se asocian a la presión, tensión o estrés y así, el tecnoestrés es un riesgo con mayor incidencia a considerar, prevenir y en su caso dar respuesta para el cuidado físico y sobre todo mental.

    Una de las definiciones del tecnoestrés ya nos plantea sus posibilidades e incidencia presente y futura por el continuo desarrollo tecnológico e interdependencia para el ser humano:

    “un estado psicológico negativo relacionado con el uso de tecnología (TIC) o con la amenaza de su uso en un futuro. Esta experiencia se relaciona con sentimientos de ansiedad, fatiga mental, escepticismo y creencias de ineficacia, pero también con un uso excesivo y compulsivo” (Salanova, Llorens, Cifre y Nogareda, 2007).

    Entre sus variantes se señalan la tecnoansiedad, la tecnofatiga y la tecnoadicción.

    En época de pandemia por el COVID-19 empresas tecnológicas como Microsoft se están posicionando para dar soluciones y recursos a las empresas como Microsoft Teams integrada dentro de Office 365. Esta herramienta no sólo sirve para las tan demandadas llamadas o videollamadas en la época actual del trabajo en remoto y teletrabajo, si no que te permite los cada vez más habituales chats, reuniones y videoconferencias (hasta 10.000 personas) y el trabajo colaborativo compartiendo diferentes archivos y formatos como por ejemplo Word, PowerPoint o Excel. Para ampliar información sobre sus funcionalidades ver artículo relacionado: Teams no es una aplicación de videollamadas (únicamente) (CoachMinds, 2020). Además del rendimiento y productividad en las organizaciones, esta herramienta no pierde de vista la perspectiva saludable sobre su uso por parte de sus usuarios/as, en este caso a través de la herramienta Workplace Analytics.

    Nuevas perspectivas en el bienestar y productividad de los trabajadores/as. Microsoft ha entendido que el trabajo ha sufrido un cambio estructural en 2020 con nuevos retos y desafíos por poner dos ejemplos representativos: el entorno empresarial o el educativo. Por ello, dentro del entorno de Microsoft 365 con Microsoft Teams y Workplace Analytics encontramos una atención especial a la productividad y bienestar para tratar de facilitar la conciliación de la vida laboral con la personal o familiar.

    Así desde Microsoft se ha realizado en período de pandemia por el coronavirus análisis individuales de trabajadores/as, equipos de trabajo en remoto o cambios en la cultura organizacional sacando conclusiones sobre el rendimiento, aspectos saludables y colaboraciones en este período supuestamente transitorio pero que puede crear un caldo de cultivo para que se convierta en definitivo y prioritario para las empresas por su calado y repercusión económica y social. Para ello se han valido de herramientas digitales de su entorno como el uso de correo electrónico (Outlook), calendario o reuniones programadas para medir y extraer conclusiones de esos datos relacionados. Sería oportuno repasar datos significativos en el período antes y durante la pandemia que nos puedan ayudar a vislumbrar y entender la “nueva realidad”.

    Teletrabajo antes del COVID-19

    • Antes del COVID-19 el teletrabajo en España crecía muy lentamente. Solo trabajaba en remoto sobre el 4,8% de la población (INE, 2019). El presentismo estaba bastante extendido y aceptado como sinónimo de productividad en muchas empresas de España. Mientras, países del norte de Europa como Suecia, Finlandia, Islandia, Países Bajos o Reino Unido, casi el 25% de los trabajadores/as lo hacía habitualmente desde sus domicilios.
    • Algunos estudios reflejan que los trabajadores/as que realizan trabajo desde sus domicilios son hasta un 15% más productivos que los que trabajan en la oficina y contrariamente a lo que podría suponerse trabajan cinco horas más que sus colegas de la oficina. Este dato podría desmontar el presentismo tan marcado en España.
    • Un estudio (Randstad, 2019) cuantificó uno de los mayores deseos de los trabajadores/as españoles/as: casi el 68,6% de ellos quería teletrabajar, pero sus empresas no se lo permitían. El 58% de los trabajadores/as valoraba antes de la pandemia que disponía de las herramientas y entorno para poder realizar teletrabajo. La realidad antes del pasado marzo era bien distinta porque tan solo el 7,9% de las personas ocupadas trabajó en remoto (al menos ocasionalmente), durante el cuarto trimestre de 2019, lo que equivale 1,5 millones de trabajadores/as. En este sentido, otra de las barreras es que en España como máximo podrían llegar a trabajar en remoto unos 4,4 millones de personas, es decir, el 22,3% del total de la población ocupada. El resto de profesionales desempeñan actividades cuya naturaleza no posibilita esta opción porque requiere una atención presencial o semipresencial.

    Se puede concluir que en periodo anterior al COVID-19, las empresas en España han tenido poco interés o necesidad en implantar y desarrollar el teletrabajo a pesar del interés de sus trabajadores/as y tomando como referencia las experiencias europeas. Se asocia realizar más horas presencialmente en las empresas como sinónimo de mejor desempeño.

    Revolución del teletrabajo: llega la pandemia del COVID-19

    El inicio del confinamiento en España fue fijado por el gobierno de la nación el 13 de marzo de 2020. Entre la semana del 14 y el 21 de marzo, el número de descargas en el mundo de aplicaciones empresariales para iOS y Android llegó a los 62 millones, cifra que supone el máximo histórico semanal en esta categoría y un crecimiento del 90% con respecto a la media semanal de 2019 (App Annie, 2020). Esta consultora destaca que durante esa tercera semana laboral de marzo, en España las descargas de Google Hangouts Meet, Zoom Cloud Meetings y Microsoft Teams se multiplicaron, respectivamente, por 64, 27 y 15 en relación a la media semanal del último trimestre de 2019.

    A principios de marzo, unas 237.000 personas cursaban en España grados y másteres online. Pero a ese número se sumaron 9,5 millones de estudiantes presenciales de todos los ciclos con el cierre de todos los centros educativos del país por el confinamiento.

    Más del 30% de los trabajadores de un estudio (Microsoft, 2020) confirmaron que la pandemia ha aumentado su sensación de agotamiento en el trabajo. El agotamiento de trabajadores/as representa hasta el 50% del desgaste de una empresa.

    Fuente: Microsoft, 2020

    Ámbito educativo. En una encuesta sobre 10.000 docentes (CSIF, 2020) se ha constatado que el 93% sufre desgaste emocional en este periodo y en un porcentaje muy alto por el uso de la tecnología por la enseñanza online, mayor usos de dispositivos y plataformas digitales o comunicación por videollamadas y uso de correo electrónico. Aquí entra la manifestación del tecnoestrés en forma de ansiedad, cansancio o incluso adiciones con un claro deterioro en la calidad de vida laboral y profesional del personal docente.

    Es curioso que a pesar del deseo y apertura al teletrabajo por un porcentaje muy alto de trabajadores/as, sólo un 12% quiere quedarse en casa teletrabajando todos los días. Entre las causas está la pérdida de socialización y relaciones con la extensión del teletrabajo y abandono del trabajo en las oficinas. Se prefiere una modalidad mixta entre la modalidad presencial y remota.

    Fuente: World Economic Forum, 2020

    Significativo es el informe y encuesta de Randstad Workmonitor. Entre las conclusiones que se pueden destacar estarían:

    • El 62,5% de los trabajadores/as españoles espera que el teletrabajo se imponga y sea una herramienta habitual de trabajo incluso cuando finalice la pandemia.
    • El 36,3% de los encuestados/as tienen la creencia que el modelo híbrido y combinado de trabajo presencial y teletrabajo será la futura realidad laboral.
    • El 19,2% considera que solo habrá la opción de teletrabajo.
    • El 7% espera que el trabajo en remoto sea opcional.

    Fuente: Randstad Workmonitor, 2020

    Respecto al cuidado y apoyo de la empresa a sus empleados/as durante la incidencia del coronavirus, en el mismo informe hay resultados llamativos:

    • El 65,2% de los encuestados/as en el ámbito laboral de España entienden que su empresa les ha apoyado anímicamente. Si se compara con la media europea supone un porcentaje 4,5 puntos inferior a la media europea y 5,9 puntos menor a la tasa global.
    • Un 34,8% considera que no ha tenido ese apoyo. Lo que supone que uno de cada 3 trabajadores/as no se ha sentido cuidado o protegido por su organización.

    Fuente: Randstad Workmonitor, 2020

    Se puede concluir que en esta etapa de pandemia y confinamiento, las empresas españolas se han visto obligadas a la transición digital, instaurar la práctica generalizada del teletrabajo con más o menos éxito en función de su inversión previa, políticas favorables a ello y tecnología disponible. Si bien se generaliza el teletrabajo, sus riesgos psicosociales asociados no están siendo previstos o evaluados y tratados de la manera oportuna.

    Papel de líderes empresariales. Será necesario que las empresas y sus dirigentes reflexionen y analicen varios apartados para para realizar la transición y consolidar el teletrabajo de manera efectiva:

    • La conectividad en los centros de trabajo y en la intranet como internet en general cuentan con una estabilidad y rapidez contrastada. El desafío será dotar a los domicilios que se usen como espacios de trabajo esas mismas fortalezas para dar una experiencia laboral plena a los trabajadores/as. También en los espacios coworking.
    • El puesto físico de trabajo fijo ha cambiado y se alterna entre oficina y domicilio. En igual medida se alternarán diferentes dispositivos ampliando al ordenador de sobremesa, el portátil, tablet y smartphone que aumentan nuestra conectividad y productividad.
    • Trabajo colaborativo en la nube. Cada empresa deberá pensar sobre la herramienta colaborativa y de almacenaje más apropiada para aumentar la accesibilidad, productividad y eficiencia de sus integrantes. Compartir archivos, documentos, reuniones virtuales sin desplazamiento y trabajo simultáneo es una realidad muy presente en la época del teletrabajo.
    • Gestión, mantenimiento y ciberseguridad. Parece obvio, pero es básico unos/as profesionales que gestionen y realicen el mantenimiento continuo y oportuno de estas herramientas tanto a nivel de hardware como software. Un apartado clave será la ciberseguridad en lo relativo a acceso a datos, contar con antivirus de eficacia demostrada contra el malware y conocer los puntos débiles del sistema de la compañía en estos apartados para realizar un plan de seguridad a medida.
    • Por último y no menos importante es evaluar y desarrollar un plan saludable para abordar esta transición digital y generalización del teletrabajo, mostrando interés y preocupándose los/as dirigentes por la salud física y mental de sus empleados/as.

    Según un estudio  del Forum Económico Mundial (2020), la mayoría de los líderes empresariales encuestados (78%) esperan algún impacto negativo de la actual forma de trabajar en la productividad, el 22% espera un fuerte impacto negativo y sólo el 15% cree que no tendrá ningún impacto o un impacto positivo en la productividad.

    Fuente: World Economic Forum, 2020

    En resumen, se percibe un cambio en la forma en que nos relacionamos y trabajamos donde el papel de las empresas y dirigentes será clave para realizar este proceso de cambio digital, comunicativo y colaborativo. Habrá diferentes variables a tener en cuenta desde el apartado tecnológico, cultura de empresa por ejemplo respecto al teletrabajo y riesgos asociados como el tecnoestrés.

    Autor: Celestino González-Fernández

    Psicólogo General Sanitario. Investigador.

    Experto en Psicología y Tecnología

    www.CelestinoGonzalezFernandez.com 

    Acede al siguiente post:  «Propuestas para afrontar el proceso de cambio. Microsoft Teams y Workplaces Analytics. Plan de Tecnoestrés», para conocer cómo las métricas que te ofrece Workplace Analyticis pueden ser un primer paso que marque el camino y tendencia para que las organizaciones tomen la responsabilidad de afrontar  los riesgos asociados a esta nueva forma de trabajar y relacionarnos.

  • Redes sociales. ¿De verdad podemos hablar de hiperconectividad?

    Existen muchas redes sociales, aplicaciones, aparatos inteligentes. Pero, ¿realmente sirven para conectarnos más? Hay quienes piensan lo contrario y aseguran que, lejos de unir a sus usuarios, la hiperconexión promueve el individualismo y el aislamiento

    Alrededor del mundo, el 66% de la población utiliza teléfonos móviles (5.150 millones de personas) y el 59% es usuario de Internet. Además, hay 3.960 millones de personas distribuidas en más de 100 redes sociales. La interacción casi no conoce barreras horarias ni geográficas y menos ahora, que ha sido el año del teletrabajo y las relaciones virtuales por la pandemia del coronavirus. Estamos hiperconectados y causa de ello, quizás, más aislados que nunca.

    “Con las redes sociales hemos comprobado que estar más conectado no necesariamente es sinónimo de estar más acompañado o satisfecho y tampoco nos ayuda a tener mejores relaciones”, señala el investigador y psicólogo Celestino González-Fernández. Un estudio del Centro de Investigación sobre Medios, Tecnología y Salud de la Universidad de Pittsburgh reveló que los jóvenes entre 19 y 32 años que pasan dos horas o más por día conectados a redes sociales, tienen el doble de probabilidades de sentirse solos y aislados que quienes pasan menos tiempo conectados. Otro estudio de las universidades de Columbia y Northwestern reveló que le hemos dado un uso inadecuado a las redes sociales desde el principio, pues “los usuarios se esfuerzan por presentar una versión idealizada y socialmente deseable de sí mismos y no lo que realmente son, hecho que conlleva a problemas de autoestima, confianza y motivación”. “Las redes sociales no buscan que socialicemos, buscan que creamos que dependemos de ellas para socializar”, explica la socióloga y analista digital Marta Espuny Contreras.

    El individualismo como producto de las redes

    El mundo, que ha apostado por ser cada vez más digital, suele vender la revolución tecnológica como un punto de encuentro social, algo así como “a mayor conexión, mejor relación”. Por ejemplo, la misión de Facebook es “ofrecer a las personas el poder de crear comunidades y hacer del mundo un lugar más conectado” y la de Instagram es “crear experiencias que unan a las personas y fomenten una comunicación auténtica”. Y ambas se leen muy bien.

    Pero la realidad es otra. “Las tecnologías digitales y sus industrias nos ofrecen productos globalizados, pero, a la vez, sumamente personalizados e individualizados pues las dinámicas que antes eran colectivas se están fragmentando”, asegura Espuny. La televisión ya no se ve en familia y las reuniones con amigos suelen ser interrumpidas por múltiples consultas al móvil. Ahora, a raíz de la pandemia, las que antes eran reuniones son correos electrónicos y las discusiones entre equipos de trabajo suelen hacerse a través de una plataforma de videollamada o, en el peor de los casos, por mensajería instantánea. “Esta pujante individualización choca con la definición de hiperconectividad que nos venden las redes sociales”, recalca la socióloga.

    El problema del contraste entre cómo se venden y cómo funcionan las redes se refleja en los efectos negativos de la sobreutilización de estas herramientas. “En la terapia psicológica cada vez son más comunes este tipo de perfiles influenciados por el uso de la tecnología y que presentan síntomas de adicción, aislamiento y deterioro de sus relaciones personales”, reconoce el psicólogo. González señala el resentimiento del lenguaje verbal y no verbal, el declive de la proxémica —la relación espacial entre personas como manifestación social y significante— y la falta de calidad en la escritura como efectos típicos y comunes en las personas que, paradójicamente, por estar enganchadas a las redes sociales han descuidado sus habilidades comunicativas.

    2021: Soledad y tristeza, pandemia y ‘centennials’

    Para los expertos consultados, el 2021 se vislumbra entre la soledad y tristeza —potenciadas por los efectos del confinamiento— y el auge de la generación Z. El profesor de investigación sobre medios interactivos de la Escuela Superior de Ámsterdam, Geert Lovink resalta la tristeza como la variable más potente relacionada al individualismo derivado de las redes. En su libro Tristes por diseño, Lovink sugiere que “la tristeza es ahora un problema de diseño” y que “los altos y bajos de la melancolía están codificados dentro de las plataformas de redes sociales, pues después de dar clic, navegar, pasar el dedo y dar me gusta, todo lo que nos queda es el evidente y vacío resultado del tiempo perdido en la aplicación”. El autor analiza las crecientes controversias en torno a las redes sociales, desde las noticias falsas, los memes virales tóxicos y la adicción en línea hasta el auge del selfi. «Se dibuja [el selfi] como un reclamo de socialización en el que supuestamente subo una foto mía para interactuar con mi entorno, pero lo cierto es que es un acto narcisista e individual”, recalca Espuny.

    Los focos también están puestos en los centennials, la nueva generación que ingresará en los próximos años al mercado laboral. Según el último estudio de Bank Of América, Gen Z: The most disruptive generation ever, la generación Z (nacidos entre 1996 y 2016) prefiere las ciudades a los campos por el acceso a Internet, siente la necesidad y presión de estar siempre conectada, tiene al menos tres redes sociales y el 40% prefiere interactuar con sus amigos de forma virtual, y no en persona. “Para ellos [los Centennials] no tiene sentido tener experiencias sin compartirlas y esto genera tecnoadiccióntecnoansiedad y tecnofatiga pues estar pendiente de la vida virtual de manera continuada puede ser hasta más demandante que el mundo exterior”, sugiere González.

    Con el rumbo digital que está tomando el mundo, ¿aumentarán los riesgos de caer en la hiperconectividad y huir así de las relaciones personales y sociales, necesarias para el desarrollo personal? “Esta hiperconectividad debe llevarnos a reflexionar. No creo que la solución esté en apartarnos y demonizar la tecnología, pues su uso es beneficioso para el ser humano, pero sí a optar por un consumo más responsable y menos invasivo en nuestras vidas. Buscaremos cada vez más la desconexión digital, los ayunos tecnológicos y desintoxicaciones digitales”, prevé González.

    Así, el concepto de hiperconectividad no necesariamente es lo que la industria digital ha vendido a través de lo que muchos denominan el capitalismo de plataformas, pues lejos del colectivismo, cada día se tiende más al individualismo, al aislamiento y al exceso de atención que demanda el mundo virtual. Por eso, Espuny se hace la misma pregunta, una y otra vez: «¿De verdad podemos hablar de hiperconectividad?”

  • ¿Cómo comunicarse con los «centennials»?

    ¿Cómo comunicarse con los «centennials»?

    Debido a que más de la mitad de los consumidores nacidos entre 1996 y 2012, conocidos como «Generación Z» o «Centennials», es inmune a la publicidad y televisión tradicional, las marcas y empresas deberán enfocarse en comunicarse con este grupo por medio de canales digitales, como redes sociales e influencers.

    Posicionar una marca, un producto o servicio, es actualmente un desafío para las agencias de publicidad y las empresas, pues en la actualidad deben superar el desafío de comunicarse de forma efectiva con los consumidores más jóvenes.



    Las vallas publicitarias colocadas en las calles más transitadas, las transmisiones deportivas y los programas de televisión tradicional, eran hasta hace unos años, canales de comunicación por medio de los que se podía llegar de manera efectiva a los consumidores, sin embargo, las reglas del juego han cambiado.

    Puede interesarle «¿Cómo evolucionan las intenciones de compra?«

    Según un estudio reciente del Bank Of America (BofA), más de la mitad de los centennials, no bebe, no conduce y es inmune a la publicidad y televisión tradicional. Este grupo de consumidores se caracteriza por haber nacido en un mundo completamente digital.

    Reseña Elpais.com que «… Con el streaming de videos y música como la principal fuente de entretenimiento de esta generación, menos de un 25% reconoce ver la televisión programada —de los millennials, nacidos entre 1981 y 1996, un 45% consume televisión— y apenas un 10% de ellos ve los deportes tradicionales, un segmento clave para los servicios de televisión de pago. En el plano informativo, tampoco hay buenas noticias para los medios tradicionales. La generación Z utiliza principalmente las redes sociales para consumir noticias, no la televisión, y han cambiado la radio por el podcast

    Celestino González-Fernández, investigador y psicólogo, explicó que «… la caída de la publicidad tradicional tiene dos responsables: youtubers e influencers. ‘Los gurús y creadores de tendencias están en la red y dan referencias sobre sus gustos y preferencias que aprovechan las industrias para llegar a la generación Z’. «

    Los centennials prestan más atención a lo que utiliza y comercia un influencer que a lo que vende una empresa a través de un anuncio televisivo, una publicación en redes sociales o una valla publicitaria, detalla la publicación. Fuente: Elpais.com

  • La era ‘centennial’: los sectores ganadores y perdedores con la llegada de una nueva generación

    Algunas industrias se tambalean y otras se fortalecen con la irrupción en el mercado laboral de los nacidos en un mundo enteramente digital

    Su revolución está comenzando. La primera generación que ha nacido en un mundo completamente digital se presenta como la mayor fuerza disruptiva para las economías, los mercados y los sistemas sociales. Son la generación Z—los centennials— nacidos entre 1996 y 2012 y, según el último estudio publicado por Bank Of America (BofA), más de la mitad no bebe, no conduce y es inmune a la publicidad y televisión tradicional. Ellos serán los encargados de cambiar el equilibrio del poder económico global a través de sus pantallas, justo ahora que salen a un mundo laboral distinto y golpeado por una pandemia.

    El paso hacia la generación Z acelerará tendencias que llevan materializándose en los últimos 20 años en industrias como la de la comunicación y el entretenimiento. Como en toda historia, hay ganadores y perdedores; beneficiados con las peculiaridades de los centennials y damnificados por las preferencias y comportamientos que engloban a esta generación. “A nivel de consumo, hoy en día, tiene más en común una adolescente española con otra japonesa, que con su tía o su abuela”, sugiere Marta Espuny Contreras, socióloga y analista digital de Agencia Comma. El estudio de BofA, Gen Z: The most disruptive generation ever, con 15.000 centennials encuestados revela el impacto que estos tienen y tendrán en todo tipo de industrias, desde la tecnológica hasta la deportiva.

    Adiós TV, automóvil y publicidad tradicional

    Los hábitos digitales de la generación Z, en la que un 45% de los adolescentes está conectado a la red casi de forma constante frente a un 25% de hace 3 años, son “un peligro para las cadenas de televisión tradicionales”, detalla el estudio. Con el streaming de videos y música como la principal fuente de entretenimiento de esta generación, menos de un 25% reconoce ver la televisión programada —de los millennials, nacidos entre 1981 y 1996, un 45% consume televisión— y apenas un 10% de ellos ve los deportes tradicionales, un segmento clave para los servicios de televisión de pago. En el plano informativo, tampoco hay buenas noticias para los medios tradicionales. La generación Z utiliza principalmente las redes sociales para consumir noticias, no la televisión, y han cambiado la radio por el podcast.

    Otro sector perjudicado es el de las agencias de publicidad, que se verán obligadas a adaptarse, ya que estos jóvenes muestran más resistencia a sus mensajes que cualquier otra generación anterior. “Esto plantea un desafío para las agencias creativas tradicionales, aunque es evidente que surgirán oportunidades para aquellas que superen con éxito la transición”, sugiere el estudio. Para el investigador y psicólogo Celestino González-Fernández, la caída de la publicidad tradicional tiene dos responsables: youtubers e influencers. “Los gurús y creadores de tendencias están en la red y dan referencias sobre sus gustos y preferencias que aprovechan las industrias para llegar a la generación Z”, explica González. Así, los centennials prestan más atención a lo que utiliza y comercia un influencer que a lo que vende una empresa a través de un anuncio televisivo, una publicación en redes sociales o una valla publicitaria.

    La industria automovilística también deberá reinventarse para ellos. De los que ya tienen edad para conducir, el 50% no lo hace y no piensa hacerlo. Haim Israel, responsable global de análisis e inversiones temáticas de BofA, explica a Retina que factores como el cambio climático y el coste de aprender a conducir y mantener un coche desmotivan a los centennials. “Esta generación también tiene una actitud cautelosa para asumir deudas personales, como lo sería comprar un coche y darle mantenimiento”, sugiere Israel y Gonzalez coincide. “Esta industria tiene que reinventarse y centrarse, por ejemplo, en vehículos más económicos y ecológicos o en fórmulas de alquileres de vehículo más que de compra. Venderá más la practicidad que el lujo”, explica.

    La era de los videojuegos y el comercio electrónico

    Otros muchos sectores se benefician de la irrupción de la generación Z. “Todo el mercado en línea está alterando las viejas industrias”, señala Israel. El comercio electrónico es una de ellas. “La distribución de los productos que se venden en la red es una de las grandes ganadoras con esta generación. No podemos olvidar que la pandemia ya ha impulsado las industrias de quedarse en casa y el comercio electrónico es uno de sus motores”, explica Israel. La compra de comida, productos y servicios a través de aplicaciones y la entrega de estos al domicilio del cliente es la red en la que interactúa la generación Z. “Las empresas como Google, Amazon, Uber o AirBnb encuentran su éxito en sus plataformas, que se muestran como espacios de mediación entre servicios y clientes, en lugar de ser las típicas empresas contratistas de personal”, añade Contreras.

    La música y los videojuegos también ganan. Según BofA, el 94% de los centennials encuestados señala que “la música es muy importante” y la mitad de ellos cuenta con un servicio de streaming de música y podcasts en sus móviles, como Spotify, Deezer o Apple Music. El 50% de los encuestados también juega videojuegos al menos 3 horas a la semana y que consume y participa en deportes electrónicos; más conocidos como eSports, competiciones de videojuegos en línea. Apenas un 10% de ellos reconoce ver por televisión o streaming deportes tradicionales como fútbol, baloncesto o tenis.

    ¿Por qué triunfan? Las empresas del sector del streaming, comercio electrónico, servicio de comida a domicilio o videojuegos tienen una cosa en común: facilitan a los centennials el consumo de productos y servicios a un clic. “En el pasado sus padres podían ir a una tienda, pensar en comprar o no y posponer la decisión. Ahora se les facilita al máximo la compra y el consumo a través de la tecnología y las compras con dinero virtual que no ven físicamente —por lo que no la percepción del gasto se diluye— y se incrementa la decisión de compra por la inmediatez que permiten los dispositivos tecnológicos”, explica González.

    Así, los servicios de telecomunicaciones —por la mayor utilización de las redes—, los nuevos modelos de medios y entretenimiento —streaming e Internet—, las grandes plataformas tecnológicas—mega empresas como las GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple)—, los bienes de consumo doméstico y cuidado personal, las empresas de mensajería y entrega de productos y alimentos a domicilio, los servicios de pago y las compañías de hardware tecnológico, son, por ahora, las ganadoras en la era centennial.

  • Tecnoestrés: origen del término

    El ser humano ha tenido una continua y vital evolución tecnológica a lo largo de la historia unido a su supervivencia. Se nos denomina como “homo technicus” (Galván, 2003) o tecnosapien por la importancia e interacción de la tecnología en nuestro proceso evolutivo y desarrollo. Como predice la segunda ley de la sociociencia y la ingeniería que cada evolución científica o en ingeniería provoque una reacción social igual y opuesta (Augustine, 1997). En 1981 IBM crea el modelo 5150 que se puede considerar el primer ordenador personal como herramienta de trabajo. Solamente 3 años después aparece una nueva terminología negativa asociada al uso de la tecnología: el concepto de tecnoestrés. En el libro The Human Cost of the Computer Revolution (Brod, 1984) se define como una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable. Con la definición del psiquiatra Craig Brod, se presenta el tecnoestrés como una enfermedad, con connotaciones negativas para la salud y un desequilibrio entre las demandas vinculadas a la tecnología y los recursos y capacidades con que cuenta el individuo para hacerles frente. Se puede observar una limitación de la citada definición, debido a la época, ya que se centra en la utilización y uso de los ordenadores sin abarcar nuevos dispositivos y tendencias tecnológicas actuales (ej.: smartphones, tablets, robótica, transformación digital, etc.).

    En la literatura relacionada podemos encontrar otras definiciones de tecnoestrés. En la década de los noventa en la publicación Technostress: coping with Technology @work, @home and @play (Weil y Rosen, 1997), se define el tecnoestrés como “cualquier impacto negativo en las actitudes, los pensamientos o los comportamientos, causado directa o indirectamente por la tecnología”. Recoge la negatividad del tecnoestrés desde un perfil psicológico (afecta a las personas a nivel afectivo-emocional, cognitivo-mental, conductual-motor e incluso fisiológico-somático) y que está producido por la invasión en la vida diaria de ordenadores, smartphones, e-mails, tablets, etc. Amplía el alcance de la definición dada por Brod, concretando áreas del ser humano a las que puede afectar y aumentando el número de dispositivos y tecnología que lo puede provocar.

    En el ámbito español destacan la investigaciones y definición dada sobre el tecnoestrés por Salanova (2003): «un estado psicológico negativo relacionado con el uso de TICs o amenaza de su uso en un futuro. Ese estado viene condicionado por la percepción de un desajuste entre las demandas y los recursos relacionados con el uso de las TICs que lleva a un alto nivel de activación psicofisiológica no placentera y al desarrollo de actitudes negativas hacia las TICs». Siguiendo esta línea la propia Salanova, Llorens, Cifre y Nogareda (2007) definen el tecnoestrés de un modo más amplio: “un estado psicológico negativo relacionado con el uso de tecnología o con la amenaza de su uso en un futuro. Esta experiencia se relaciona con sentimientos de ansiedad, fatiga mental, escepticismo y creencias de ineficacia, pero también con un uso excesivo y compulsivo”. En esta definición se destacan novedades respecto a las definiciones y autores de las décadas anteriores:

    • Experiencia psicosocial negativa del tecnoestrés. Riesgo psicosocial.

    • Relación fundamental entre demandas y recursos disponibles del sujeto para la percepción del tecnoestrés.

    • Rompe la especificidad de una tecnología concreta para sufrir este estado planteando la tecnología a nivel general.

    • Se especifican síndromes o trastornos concretos asociados al tecnoestrés de lo que subyacen posibilidades de categorización e intervención.

    Wang, Shu y Tu (2008) por otro lado, definen el tecnoestrés como “…inquietud, miedo, tensión y ansiedad cuando se aprende y se utilizan tecnologías relacionadas con el uso del ordenador de manera directa o indirecta, y que en último lugar finaliza con un rechazo psicológico y emocional que evita seguir aprendiendo o utilizando tales tecnologías”. Sigue prevaleciendo la visión negativa del tecnoestrés de manera presente o incluso diferida pudiendo llegar a la evitación total del uso de dispositivos tecnológicos. Plantea consecuencias que pueden afectar la salud de las personas. Se va vislumbrando el calibre y potencial daño de este riesgo psicosocial en las décadas venideras en la que el crecimiento, uso y desarrollo tecnológico será exponencial en interacción constante con el ser humano.

    El tecnoestrés se puede considerar ya una pandemia mundial, documentada en la literatura de todo el mundo (Bozionelos, 1996; Khan, Rehman y Rehman, 2013; Lee, Lee y Yung, 2016; Tu, Wang y Shu, 2005). Las consecuencias son generalizadas y costosas repercutiendo en toda la economía mundial. Sólo en los Estados Unidos, el coste en las organizaciones por el estrés se calculó en más de 300 mil millones de dólares por año como resultado del absentismo, la pérdida de productividad, los accidentes en el lugar de trabajo y la rotación laboral (American Institute of Stress, 2007). Se disponen de datos de ese mismo año en que el estrés es el culpable del 50% de los 550 millones de días de trabajo perdidos en los Estados Unidos debido al absentismo. Los estudios aún no han correlacionado con el efecto que supone el tecnoestrés y los costos en salud y seguros, pero el impacto y repercusión será más evidente en las próximas décadas por lo que urge su identificación, evaluación y tratamiento efectivo acompañado de mayor investigación.

    Importante resaltar el proceso hiperconectividad. Es evidente que con la aparición e irrupción de la interconectividad y las redes sociales en Internet, ha habido un cambio de paradigma, la evolución hacia un nuevo tipo de individuo, al que  algunos denominan “hiperindividuo” o “individuo conectado”, que no se parece, en general, a sus predecesores en aspectos importantes de su proceso de socialización, desarrollo cognitivo, proceso de individualización y desarrollo moral (Reig y Vílchez, 2013).

    Autor: D. Celestino González-Fernández.

    Miembro del Grupo de Trabajo del COP Madrid – Psicología y Tecnología

    Bibliografía

    American Institute of Stress. (2007). Job stress. Retrieved from https://www.stress.org/

    Augustine, N.R. (1997): Augustine’s Laws. American Institute of Aeronautics and Astronautics
     
    Bozionelos, N. (1996). Psychology of computer use: XXXIX. Prevalence of computer anxiety in British managers and professionals. Psychological Reports, 78, 995-1002
     
    Brod, C. (1984). Technostress: The human cost of the computer revolution. Addison- Wesley: Reading Mass
     
    Galván, J.M. (2003). «On Technoethics». IEEE Robotics and Automation Magazine. 10 (4): 58–6
     
    Khan, A., Rehman, H., & Rehman, S. U. (2013). An empirical analysis of correlation between technostress and job satisfaction: A case of KPK, Pakistan. Pakistan Journal of Library and Information Science, 14, 9-15
     
    Lee, S.B., Lee. S.C., & Yung, H.S. (2016). Technostress from mobile communication and its impact on quality of life and productivity. Total Quality Management & Business Excellence, 27(7), 775-790
     
    Reig, D. y Vílchez, L.F. (2013). Los jóvenes en la era de la hiperconectividad: tendencias, claves y miradas. Madrid. Fundación Telefónica
     
    Salanova, M. (2003). Trabajando con tecnologías y afrontando el tecnoestrés: el rol de las creencias de eficacia. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 19, 225-247
     
    Salanova, M., Llorens, S., Cifre, E., y Nogareda, C. (2007). Tecnoestrés: concepto, medida e intervención psicosocial. Nota técnica de prevención, 730, 21a Serie. Madrid: Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo
     
    Tu, Q., Wang, K., & Shu, Q. (2005). Computer-related technostress in China. Communications of the ACM, 48(4), 77-81
     
    Wang, K., Shu, Q., & Tu, Q. (2008). Technostress under different organizational environments: an empirical investigation. Computers in Human Behavior, 24, 3002-3013
     
    Weil,  M.M.,  &  Rosen,  L.D.  (1997).  Technostress:  Coping  with  technology  @work, @home, @play. New York: John Wiley and Sons
     
     
  • Menos pose: ser auténticos en las redes sociales mejora la autoestima, según un estudio

    Ser más auténtico en las redes sociales no es sencillo. ¿Quién se atreve a publicar exactamente lo que piensa en Twitter Facebook? ¿Y a postear una fotografía en Instagram sin editarla? ¿Y en Tinder? ¿Quién diría que no es apto para un empleo en LinkedIn? Hay usuarios que sí y para ellos hay buenas noticias, pues suelen tener mejor autoestima y potenciar su bienestar, de acuerdo con un estudio conducido por un grupo de investigadores de la Universidad de Columbia y la de Northwestern. Pero son muy pocos los que actúan así en la realidad virtual. Los psicólogos explican por qué tendemos más al postureo y menos a mostrarnos tal como somos.

     
    Los usuarios que se expresan de manera más auténtica en las redes sociales e Internet tienden a reportar niveles más altos de bienestar, según un estudio de las universidades de Columbia y la de Northwestern

    Tras analizar los datos de 10.560 personas en redes sociales recopilados entre 2007 y 2012, -sobre todo en Facebook – los investigadores concluyeron que este tipo de usuarios no solo suelen tener una mayor autoestima, también combaten mejor la ansiedad y el estrés. «Nuestros resultados sugieren que las personas que utilizan las redes sociales para expresarse de forma auténtica pueden tener un mayor bienestar subjetivo «, resalta a EL PAÍS vía correo electrónico la autora principal del estudio, Erica Bailey.

    Para el estudio, los usuarios completaron una serie de pruebas psicométricas para que el equipo de Bailey conociera su personalidad. Después, los investigadores compararon los resultados de las pruebas con la personalidad que mostraba cada uno en sus redes sociales, según lo predicho por un modelo informático basado en sus gustos y el lenguaje utilizado en las publicaciones. Así descubrieron que, a pesar de los diversos tipos de personalidad, «la autoexpresión auténtica se correlaciona con niveles más altos de satisfacción con la vida«.

    Pero hay más. El estudio, publicado en Nature Communications, también señala que quizás le hemos dado un uso inadecuado a las redes sociales desde el principio. Según los hallazgos del equipo de Bailey, en lugar de esforzarse por presentar una versión idealizada y socialmente deseable de sí mismos, los usuarios deberían compartir más información sobre quiénes son en realidad. Pero pocos hacen esto. ¿Por qué?

    Más postureo, menos verdad

    Todas las personas buscan mostrarse bien en la vida real, y ese comportamiento también se refleja en las redes sociales, explican los especialistas
    Todas las personas buscan mostrarse bien en la vida real, y ese comportamiento también se refleja en las redes sociales, explican los especialistas

    «Las redes sociales se han caracterizado por ser transmisoras de la famosa pose y el fenómeno de Instagram es el mejor ejemplo , con sus filtros, retoques y perfiles » explica Oliver Serrano, psicólogo especializado en redes sociales y gestión de comunidades en línea. Si bien los usuarios tienden a la autoidealización – la actitud impostada que se adopta por conveniencia o presunción- en vez de a la autenticidad, esta cuestión no es nueva pues ha estado allí antes de que llegaran las redes sociales. «Todos, en mayor o menor medida, queremos ser mejores de lo que somos. Por eso buscamos vestirnos bien, arreglarnos, maquillarnos. Siempre hemos sido así, solo que ahora hemos trasladado esta forma de ser a las redes sociales», señala Serrano a EL PAÍS vía telefónica.

    Para el psicólogo e investigador experto en tecnología, Celestino González-Fernández, la autoidealización puede explicarse gracias a una teoría que surgió en 1987. «Es la Teoría de Autodiscrepancia de Higgings, en la que diferencia el yo ideal, el yo real y el yo responsable y sugiere que cuando existen discrepancias entre estas, las personas sufren emocionalmente», explica el psicólogo a EL PAÍS vía correo electrónico. Por ejemplo, si el Yo real es discrepante de un ideal (Yo ideal), las personas se sienten deprimidas, decepcionadas, desanimadas y tristes. Mientras que si es el Yo real discrepa con un deber (Yo responsable), las personas se sienten preocupadas, nerviosas y tensas. «Así podemos ver la justificación de crear esa autoidealización para supuestamente mejorar el sufrimiento emocional más que a nuestra autenticidad», apunta González-Fernández.

    «La autenticidad generalmente no está muy bien valorada», sugiere Enric Valls, psicólogo experto en salud. Por eso, alguien muy honesto puede ser tildado de tener poco tacto y empatía, aunque debería ser al revés. «Una persona risueña, natural o espontánea es sinónimo de buena autoestima porque no le importa lo que puedan pensar los demás», explica Valls.

    El psicólogo sugiere que por esa razón mucho de lo que proyectamos en redes sociales no tiene relación con la realidad. «Seguimos patrones de idealización y de concepto de que todo es perfecto; personas que ríen siempre, a las que todo les sale bien pero que dependen de likes y son adictos a los seguidores. Y como la vida no siempre es así, las personas que siguen este patrón conscientemente sufren mucho y es motivo de consulta», recalca Valls.

    La cultura del «me gusta»

    El botón me gusta y sus variantes, que que están presentes en todas las redes sociales, generan en el cerebro un refuerzo positivo intermitente
    El botón me gusta y sus variantes, que que están presentes en todas las redes sociales, generan en el cerebro un refuerzo positivo intermitente

    Hay, además, una explicación psicológica detrás del funcionamiento actual de las redes sociales. «Utilizan técnicas para llegar a la zona del cerebro denominada sistema de recompensa y conformada por el área tegmental ventral, el núcleo accumbens, la corteza prefrontal y el hipotálamo lateral. Se va liberando la hormona del placer, la dopamina y entra en un círculo vicioso de necesitar cada vez más el uso y refuerzo de nuestro smartphone y sus aplicaciones para sentir igual o mayor sensación placentera», apunta González-Fernández.

    Una de las técnicas es el botón «me gusta», que genera en el cerebro un refuerzo positivo intermitente y que está presente en todas las redes sociales, aunque se aplica con distinto contenido: en Instagram son fotografías, en Facebook publicaciones y en Twitter opiniones cortas o ideas puntuales.

    Los psicólogos consultados coinciden en que las conclusiones del estudio resaltan una cualidad humana: la coherencia. «Cuando no hay disonancia entre lo que muestras y lo que eres, estás más tranquilo y relajado. Al haber consistencia entre la vida real y la vida en las redes reducimos la ansiedad», explica Serrano.

    Pero a pesar de los hallazgos positivos, Bailey duda de la utilización, en general, de las redes sociales. «No podemos asegurar si este tipo de uso de las redes sociales [ser más auténticos y menos idealistas] sea mejor para el bienestar personal que simplemente no usarlas», sentencia.

     
  • El postureo en redes puede perjudicar tu autoestima

    Los usuarios que se expresan de manera más auténtica en Internet, tienden a reportar niveles más altos de bienestar, según un estudio de las universidades de Columbia y la de Northwestern

    Ser más auténtico en las redes sociales no es sencillo. ¿Quién se atreve a publicar exactamente lo que piensa en Twitter o Facebook? ¿Y a colgar una fotografía en Instagram sin editarla? ¿Y en Tinder? ¿Quién diría que no es apto para un empleo en LinkedIn? Hay usuarios que sí y para ellos hay buenas noticias, pues suelen tener mejor autoestima y potenciar su bienestar, de acuerdo con un estudio conducido por un grupo de investigadores de la Universidad de Columbia y la de Northwestern. Pero son muy pocos los que actúan así en la realidad virtual. Los psicólogos explican por qué tendemos más al postureo y menos a mostrarnos tal como somos.

    Tras analizar los datos de 10.560 personas en redes sociales recopilados entre 2007 y 2012, —sobre todo en Facebook— los investigadores concluyeron que este tipo de usuarios no solo suelen tener una mayor autoestima, también combaten mejor la ansiedad y el estrés. “Nuestros resultados sugieren que las personas que utilizan las redes sociales para expresarse de forma auténtica pueden tener un mayor bienestar subjetivo”, resalta a EL PAÍS vía correo electrónico la autora principal del estudio, Erica Bailey.

    Para el estudio, los usuarios completaron una serie de pruebas psicométricas para que el equipo de Bailey conociera su personalidad. Después, los investigadores compararon los resultados de las pruebas con la personalidad que mostraba cada uno en sus redes sociales, según lo predicho por un modelo informático basado en sus gustos y el lenguaje utilizado en las publicaciones. Así descubrieron que, a pesar de los diversos tipos de personalidad, “la autoexpresión auténtica se correlaciona con niveles más altos de satisfacción con la vida”.

    Pero hay más. El estudio, publicado en Nature Communications, también señala que quizás le hemos dado un uso inadecuado a las redes sociales desde el principio. Según los hallazgos del equipo de Bailey, en lugar de esforzarse por presentar una versión idealizada y socialmente deseable de sí mismos, los usuarios deberían compartir más información sobre quiénes son en realidad. Pero pocos hacen esto. ¿Por qué?

    Más postureo, menos verdad

    “Las redes se han caracterizado por ser transmisoras del famoso postureo y el fenómeno de Instagram es el mejor ejemplo, con sus filtros, retoques y perfiles” explica Oliver Serrano, psicólogo especializado en redes sociales y gestión de comunidades en línea. Si bien los usuarios tienden a la autoidealización — la actitud impostada que se adopta por conveniencia o presunción— en vez de a la autenticidad, esta cuestión no es nueva pues ha estado allí antes de que llegaran las redes sociales. “Todos, en mayor o menor medida, queremos ser mejores de lo que somos. Por eso buscamos vestirnos bien, arreglarnos, maquillarnos. Siempre hemos sido así, solo que ahora hemos trasladado esta forma de ser a las redes sociales», señala Serrano a EL PAÍS vía telefónica.

    Para el psicólogo e investigador experto en tecnología, Celestino González-Fernández, la autoidealización puede explicarse gracias a una teoría que surgió en 1987. “Es la Teoría de Autodiscrepancia de Higgings, en la que diferencia el yo ideal, el yo real y el yo responsable y sugiere que cuando existen discrepancias entre estas, las personas sufren emocionalmente”, explica el psicólogo a EL PAÍS vía correo electrónico. Por ejemplo, si el Yo real es discrepante de un ideal (Yo ideal), las personas se sienten deprimidas, decepcionadas, desanimadas y tristes. Mientras que si es el Yo real discrepa con un deber (Yo responsable), las personas se sienten preocupadas, nerviosas y tensas. “Así podemos ver la justificación de crear esa autoidealización para supuestamente mejorar el sufrimiento emocional más que a nuestra autenticidad”, apunta González-Fernández.

    “La autenticidad generalmente no está muy bien valorada”, sugiere Enric Valls, psicólogo experto en salud. Por eso, alguien muy honesto puede ser tildado de tener poco tacto y empatía, aunque debería ser al revés. «Una persona risueña, natural o espontánea es sinónimo de buena autoestima porque no le importa lo que puedan pensar los demás”, explica Valls.

    El psicólogo sugiere que por esa razón mucho de lo que proyectamos en redes sociales no tiene relación con la realidad. “Seguimos patrones de idealización y de concepto de que todo es perfecto; personas que ríen siempre, a las que todo les sale bien pero que dependen de likes y son adictos a los seguidores. Y como la vida no siempre es así, las personas que siguen este patrón conscientemente sufren mucho y es motivo de consulta”, recalca Valls.

    La cultura del ‘me gusta’

    Hay, además, una explicación psicológica detrás del funcionamiento actual de las redes sociales. “Utilizan técnicas para llegar a la zona del cerebro denominada sistema de recompensa y conformada por el área tegmental ventral, el núcleo accumbens, la corteza prefrontal y el hipotálamo lateral. Se va liberando la hormona del placer, la dopamina y entra en un círculo vicioso de necesitar cada vez más el uso y refuerzo de nuestro smartphone y sus aplicaciones para sentir igual o mayor sensación placentera”, apunta González-Fernández.

    Una de las técnicas es el botón “me gusta”, que genera en el cerebro un refuerzo positivo intermitente y que está presente en todas las redes sociales, aunque se aplica con distinto contenido: en Instagram son fotografías, en Facebook publicaciones y en Twitter opiniones cortas o ideas puntuales.

    Los psicólogos consultados coinciden en que las conclusiones del estudio resaltan una cualidad humana: la coherencia. “Cuando no hay disonancia entre lo que muestras y lo que eres, estás más tranquilo y relajado. Al haber consistencia entre la vida real y la vida en las redes reducimos la ansiedad”, explica Serrano.

    Pero a pesar de los hallazgos positivos, Bailey duda de la utilización, en general, de las redes sociales. “No podemos asegurar si este tipo de uso de las redes sociales [ser más auténticos y menos idealistas] sea mejor para el bienestar personal que simplemente no usarlas”, sentencia.

  • ¿Momento para un detox digital?

    ¿Qué es el detox digital? 

    El detox digital es una forma abreviada de referirnos a la desintoxicación digital. Básicamente el término se refiere a un periodo de tiempo determinado en el que una persona de manera voluntaria controla y desconecta del uso de la tecnología como smartphones, ordenadores personales o portátiles. También relacionado a la abstención del uso de redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp…) y aplicaciones que nos quitan o «roban» nuestra atención y tiempo de manera poco productiva. El detox digital como se aprecia ayudaría a una gestión saludable del ocio, mejorar la cantidad y calidad nuestro tiempo libre y ayudarnos a desconectar de dispositivos electrónicos que por su uso continuado nos llevan a estados estresantes, ansiosos y de fatiga pudiendo desencadenar trastornos de adicciones y peligrar nuestra salud mental. En algunos casos de mayor gravedad se requiere ayuda y terapia psicológica para tratar esta «adicción sin sustancia». Va ganando adeptos y ya existen hoteles para adultos sin cobertura o wifi y campamentos para jóvenes en los cuales los teléfonos inteligentes y tecnología relacionada está limitada o no está presente con la finalidad de desconectar de los estímulos y dependencia digital a las que estamos sometidos a diario.

    Es importante resaltar que la tecnología y en el caso concreto del smartphone no es negativo por sí mismo para las personas sino que cumplen su función y nos ayuda y facilita en múltiples tareas en el día. El problema vendría por el uso excesivo del mismo y que interfiera negativamente en nuestra calidad de  vida y salud en general.

    El detox digital contrasta con la nomofobia (del inglés, no mobile-phone phobia) que podría ser su antagonista y se considera el miedo o fobia del individuo a estar sin su teléfono móvil un intervalo de tiempo determinado. Relacionado a la nomofobia estaría la sensación parecida al síndrome del miembro fantasma en el que notamos por ejemplo la vibración del teléfono móvil en nuestro bolsillo sin tenerlo presente por la dependencia que podemos generar. Significativo también es el síndrome conocido como fomo (acrónimo de «fear of missing out») entendido como el miedo que pueden sentir los usuarios habituales de esta tecnología y redes sociales de estar perdiéndose algo importante o sentirse apartado o excluido de “la tribu”, lo que le conlleva a permanecer más tiempo conectados llegando a la hiperconectividad en Internet.

    El detox digital también ayudaría a paliar los efectos del tecnoestrés y algunas de sus variantes como la tecnofatiga en el que  las personas podemos experimentar emociones negativas que tienen que ver con una alta activación no placentera, por ejemplo, la fatiga o el cansancio mental por el uso continuado de tecnología de información y comunicación (TICs) también en el ámbito laboral. La tecnofatiga se caracteriza por sentimientos de cansancio y agotamiento mental y cognitivo debidos al uso de tecnologías, complementados también con actitudes escépticas y creencias de ineficacia con el uso de TICs. Un tipo específico de tecnofatiga es el llamado: síndrome de la «fatiga informativa» derivado de los actuales requisitos de la Sociedad de la Información y que se concreta en la sobrecarga informativa cuando se utiliza Internet. Está asociado al término de infoxicación o overland information. También podría llegarse a la tecnoadicción con el uso continuado y compulsivo.Se ha incrementado el uso de pantallas durante el confinamiento y necesitamos más que nunca un “detox digital”. 

    Con el confinamiento y por la situación de aislamiento en nuestros domicilios se extendió y creció el uso de dispositivos digitales ya sea por el teletrabajo, comunicación con familiares o amigos a través de videollamadas, formación online desde escolares a universitarios y por ocio, por ejemplo con sesiones abiertas para la actividad física online a videojuegos en red. Después del confinamiento y como ocurre en otras conductas que se repiten y se convierten en hábitos, puede haberse mantenido e incrementado su uso. No olvidemos que las aplicaciones de los móviles y redes sociales tienen potentes estrategias de marketing y estudio del comportamiento para «atraparnos» y que pasemos el mayor tiempo de tiempo en ellas. Utilizan técnicas para llegar a nuestro sistema de recompensa en el cerebro conformado por el área tegmental ventral, el núcleo accumbens, la corteza prefrontal y el hipotálamo lateral, liberar la hormona del placer, la dopamina y entrar en un círculo vicioso de necesitar cada vez más el dispositivo para sentir igual o mayor sensación placentera y bajar la ansiedad que nos produce aunque a la larga aumentará y será perjudicial. Por ejemplo las notificaciones y alertas del móvil en color rojo despiertan nuestra atención para su finalidad que no es otra que mantenerte el mayor tiempo activo y conectado a sus servicios. Ya van proliferando desde hace varios años los “ayunos de dopamina” que entre otras funciones nos mantienen alejado del bombardeo constante de estímulos a nuestro cerebro y mayor control en la segregación de esta hormona. Puede aplicarse con la restricción temporal del uso de dispositivos, de las redes sociales, de las aplicaciones, práctica de meditaciones y hasta retiros espirituales con una exposición mínima a situaciones que perturben nuestra atención o exciten demasiado nuestras conexiones cerebrales.

    ¿Son las vacaciones el periodo perfecto para realizar un detox digital? 

    Cualquier tiempo es bueno para realizar un detox digital. No perdamos la referencia que hace por ejemplo 10 años no teníamos esta dependencia de la tecnología y en concreto del móvil y no teníamos esta dependencia. Las vacaciones de verano en el que tendremos tiempo libre, de relax y situaciones de placer sería un momento perfecto para el detox digital. La clave más que el tiempo es la consciencia de la intrusión que suponen estos dispositivos electrónicos en nuestra vida y la voluntariedad en la decisión de poder desconectar de los mismos porque queremos. Recordemos que si no prestamos la atención oportuna por el cambio del uso de estos dispositivos de manera natural volveremos a poner el piloto automático y a usarlos de manera rutinaria y abusiva aunque no hagamos nada concreto con ellos. Limitando su uso nos sentiremos más libres y verás al cabo de pocas horas sus efectos y que no es tan necesario como pensamos.

    Consejos para llevar a cabo un “detox digital” este verano. 

    No es cuestión de dejar el móvil en casa si te vas de viaje pero sí gestionar su uso de manera razonable. Además en caso de urgencias o accidentes es importante contactar con servicios de emergencia, cuerpos de seguridad o sanitarios y más con la pandemia por COVID-19. Descubre que también hay una vida plena más allá de la vida online. Puedes comenzar por limitar su uso a unas determinadas horas del día y poco a poco aumentar las mismas sin el móvil. Obviamente nos olvidaremos de consultar el email del trabajo que está bastante extendido. En enero de 2017, Francia introdujo en su normativa laboral el derecho a la desconexión digital y en España empieza a haber mayor concienciación social y política y se desarrollan las primeras legislaciones sobre “Derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral”, en el artículo 88 de la nueva Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales. Esta ley recoge que las empresas o personas que contraten trabajadores buscarán la manera de articular acciones de sensibilización y formación a los trabajadores sobre estos riesgos con el fin de evitar la fatiga informática y favorecer la conciliación.

    Con el detox digital en período de vacaciones podrás focalizar tu atención en situaciones, hobbies o actividades que igual tenías más descuidadas como leer un libro con conciencia plena (los clásicos siempre son una buena opción), pasear y descubrir nuevos lugares vacacionales, abrirte a nuevos estímulos o disfrutar de una buena conversación cara a cara (offline) con un ser querido o buen amigo detrás de un café.

    Consejos para, en general, reducir el uso de pantallas y dispositivos en nuestro día a día.

    Influencia constatada de pantalla y dispositivos. Hay estudios como el realizado por investigadores de la Universidad de Chicago en los que participantes que dejaron el móvil en otra habitación, solucionaron con más facilidad y mejor nota actividades propuestas en comparación con los que lo tenían en el bolsillo. También existen estudios psicológicos en los que los participantes que escuchaban su smartphone aunque no lo tenían a su alcance, perdían capacidad para desarrollar y disfrutar las tareas que les habían encomendado (APA, 2016). Además se constata un aumento de la frecuencia cardíaca, presión arterial y ansiedad entre otros apartados cuando no se puede responder un teléfono móvil mientras se realizan tareas cognitivas como acertijos o problemas, incluso aunque no fuese nuestro dispositivo (Clayton, Leshner y Almond, 2015). Por experiencia propia puedo comentar que he realizado con alumnos un experimento social sobre dejar voluntariamente al principio de la clase su teléfono móvil fuera de su alcance y vista y al final de la clase poder recogerlo. Repetido en diferentes días se constata por el alumnado una menor dependencia por el móvil y necesidad de utilización. Mejora su atención y participación.

    Hábitos saludables. Entre los consejos y hábitos saludables para reducir el uso de pantallas y dispositivos podría citar:

    Para adultos:

    • Fijar horarios determinados para el uso de dispositivos electrónicos, redes sociales y correos electrónicos. ¿Has probado a salir a la calle unas horas voluntariamente sin el móvil? Te sorprenderá en positivo.
    • Compromiso contigo mismo para realizar el detox digital de manera intermitente durante días o en períodos más prolongados de tiempo como las vacaciones.
    • Aprender y practicar técnicas de relajación y meditación que nos ayuden a paliar estados de ansiedad que nos puede producir el uso de estos dispositivos o al iniciar un detox digital. Recomendaría la práctica de la respiración diafragmática, técnicas de visualización o mindfulness donde se trataría de focalizar la atención en el momento presente con conciencia plena.  
    • Establece normas que te sirvan para el control de uso de esta tecnología y redes sociales. Limita o elimina las notificaciones, usa el modo avión o apaga los dispositivos en períodos de tiempo del día. Puedes fijar recompensas por el trabajo bien hecho al respecto.
    • Busca apoyo social en familiares, pareja o amigos que se unan a tu causa del detox digital y os motivéis mutuamente. 
    • Líneas rojas en el uso del móvil por tu bienestar y respeto a los demás: no utilizar en comidas, reuniones o cuando te encuentres en estados bajos o ansiosos realizando otras actividades placenteras o distractoras.
    • Amplia las actividades que te hacen sentir bien solo o en compañía al margen de esta tecnología. Descubrirás sensaciones perdidas y te hará reflexionar que existen otras formas divertidas de pasar el tiempo. 
    • «Ojos que no ven, corazón que no siente». Si no tienes el móvil cerca, si lo dejas en casa o en el coche no tendrás la tentación de utilizarlo o recurrir al mismo aunque sea para pasar el rato sin un objetivo claro.
    • Reflexiona sobre el tiempo que pasas con el smartphone y piensa si es realmente tan necesario en tu vida. Elimina aplicaciones y servicios que te roban tiempo sin ningún sentido.
    • No utilizar en los momentos previos a ir a dormir ya que afectará nuestra calidad y cantidad de sueño y se resentirá nuestro descanso por el efecto a la exposición de su luz y excitaremos áreas cerebrales relacionadas al procesamiento de la información y emociones. Aumentará la ansiedad y estados bajos del ánimo.

    Para niños y jóvenes:

    • Poner normas y acuerdos razonadas con ellos sobre el uso de los dispositivos. Por ejemplo en comidas o reuniones familiares se evitaría su uso.
    • Reflexionar sobre todo los padres/madres sobre la edad oportuna del uso de smartphone. No hay edad ideal y depende la madurez y uso del joven.
    • Control de tiempo de uso y coste. Limitación del acceso a contenido en función de la edad y criterios educativos. Límites de uso mensual.
    • Señalar determinadas horas en que ningún miembro de la familia utilizaría dispositivos. El mejor ejemplo es el que dan los padres/madres a sus hijos en este ámbito.
    • No infundir miedo a los hijos por el uso de esta tecnología pero informarles y educarles en la responsabilidad del uso y de consecuencias negativas que podrían darse (ej.: cyberbullying, ciberacoso, pensar bien lo que publican en redes sociales y su efecto como fotos, saber con quién están contactando, etc.).
    • Realizar actividades saludables alternativas a la tecnología con los niños y jóvenes como actividades físico-deportivas, actividades en la naturaleza o actividades culturales. ¿Cuándo fue la última vez que fuisteis a un museo  en familia?
    • Compartir con los jóvenes el día sin dispositivos electrónicos (adultos y jóvenes).
    • Educar en el autocontrol y disciplina. Bajar la impulsividad, fijando momentos y horas determinadas para consultar el smartphone. Regular horarios.
    • Evitar que estos dispositivos sean «chupetes emocionales» cuando el niño no tiene nada que hacer o no se sabe que hacer con él.
    • Evitar la exposición continuada a la luz de las pantallas conlleva aumento de los niveles de problemas de vista como la miopía o problemas de sueño al sobreexcitar las células visuales de los más jóvenes. Estudios muestran un creciente índice de miopía en general en la población y en particular en niños que juegan y pasan menos tiempo al aire libre, estando menos expuestos a la luz del sol y utilizando más las pantallas (Dolgin, 2015). 

    Hoy puede ser un gran día como cantaba Joan Manuel Serrat para comenzar un detox digital. ¿Te animas?

    Referencias bibliográficas

    American Psychological Association (2016)

    Dolgin, E. (2015). The myopia boom. Short-sightedness is reaching epidemic proportions. Some scientists think they have found a reason why. Nature. International Weekly Journal of Science

    Russell, B. C.; Leshner, G. and Almond, A. (2015). The Extended iSelf : The Impact of iPhone Separation on Cognition, Emotion, and Physiology. Journal of Computer-Mediated Communication